Ya estamos en Grecia

Ha sido un largo viaje pero, por momentos, placentero. Sentarse en la popa del barco viendo la estela que va dejando en el mar provoca una enorme sensación de paz y sosiego. Sin embargo, nuestros cuerpos se estremecen cuando pensamos en todas esas personas que se dejan la vida al cruzar el Mediterráneo para intentar llegar a Europa. Durante el año 2016 murieron al menos 14 personas al día en la ratonera que supone enfrentarse al mar con barcas de goma, mientras la Unión Europea cambiaba una misión de rescate por otra de vigilancia, bendita concordia… Pero en este periplo que iniciamos queremos poner nombres y apellidos a esas personas que lograron llegar a salvo para toparse con un muro infame.

Lo más incómodo quizás de nuestro viaje ha sido tener que dormir en una colchoneta en el suelo del barco. Pero no es nada si lo comparamos con el trayecto que tienen que hacer miles y miles de personas para huir de la guerra o la miseria. Prácticamente cerrada la ruta desde Turquía a las islas griegas debido al bochornoso acuerdo con la nación otomana, la gente que huye de la guerra desde Siria, Irak o Afganistán no tiene más remedio que optar por Libia para poder cruzar a Europa. Allí se encuentran con quienes huyen de la miseria o el miedo desde diversos países africanos, personas que han cruzado un desierto atestado de bandidos para caer también en las manos de las mafias. Quien tiene algún pariente en Europa es secuestrado hasta que llega el pago del rescate. Quien no, debe pasar, en algunos casos, años trabajando en régimen de semi-esclavitud para poder juntar el dinero con el que poder embarcarse. Rara es la mujer africana que no es violada sistemáticamente por los grupos armados que controlan cada tramo de la costa libia.

Pero lo peor está por llegar. Cientos de personas son introducidas en barcas de goma o viejos pesqueros engañados con la promesa de llegar a Lampedussa (Italia), si bien sólo llevan combustible para llegar hasta aguas internacionales y esperar, si hay suerte, a ser rescatados. Rescates que en la mayoría de los casos llegan de mano de organizaciones como Proactiva OpenArms, que mantienen barcos en el Mediterráneo para evitar más tragedias de las que ya suceden. Porque siguen sucediendo. Lenta y silenciosamente siguen cayendo personas en ese sumidero de vidas que se ha convertido el mar que separa Africa de Europa. Personas como tú y como yo, con una familia, con unos anhelos. Seres humanos a los que nuestros gobernantes han dado la espalda, lo que les convierte en cómplices de su muerte. Sí, suena duro, pero más duro es que cada día en las playas del Mediterráneo aparezcan más y más Aylanes.

Mañana iremos a Ioannina, donde han sido realojadas la mayoría de las 600 personas que vivían en el campo de Filippiada. Ya os contaremos lo que vamos a hacer, pero tiene pinta de que va a ser un día muy interesante…

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