Afganistan is not a safe country

“Afganistan is not a safe country”. Este es el mensaje que quieren que llevemos. La gente de Afganistán quiere hacer ver que su país no es seguro. Su país es un desastre y no sólo no hacemos nada por evitarlo, sino que lo alimentamos, ocultamos la realidad y no protegemos a las personas y, además, nos aprovechamos de sus recursos. Cada día viven atemorizados. Ataques terroristas se suceden casi a diario. ¿Que hacemos? Mirar para otro lado. Lamentarnos por los muertos europeos o estadounidenses, pero para el resto no tenemos tiempo de mostrar sus vidas, la pena de sus familias, los sueños rotos.

Nuestros amigos han sufrido mucho y aún siguen sufriendo. Su agradecimiento hacia los voluntarios es infinito. Hoy nos han dicho que si los voluntarios españoles no estuvieran con ellos,  pasarían hambre. Esto nos lo dice el papá de Mahnaz, una niña preciosa de 13 años (autora de la carta que ilustra esta entrada) enfermo de diabetes y que apenas puede andar. La madre  se fue a Suiza y ahora esperan a que llegue la tan ansiada reagrupación familiar.

Afganistan is not a safe country (“Afganistán no es un país seguro”, como lo considera la UE para poder justificar la deportación de personas de este país). Alí lo repite casi como un mantra, mientras nos enseña vídeos de lo que allí sucede. Él no se fue por problemas económicos, tenían una vida acomodada, pero decidieron marcharse dada la situación de violencia continua en su país y lo hicieron en una peligrosa travesía con sus 5 hijos. Un sexto hijo, con 12 años, se fue solo a Suecia para después poder pedir la reagrupación.

Ayer comimos en casa de Anahita, una simpática chica de 15 años que vive con sus hemanas (Sonita y Shukria) y su madre. Nos mostró dibujos que habían hecho los niños y las niñas para una exposición y mostraban con gran belleza y dolor los horrores que habían vivido. Al recordarlo se emocionaba, porque ellos también viven separados: el padre, un hermano y una hermana se fueron a Alemania y ellas 4 se quedaron en Grecia. Ayer mismo viajó hasta allí otro chico que conocimos, Davood, menor de edad, que se reencontraba con sus hermanos (uno de ellos es el padre Anahita). Hoy hemos hablado con él por skype, nos ha enseñado su casa feliz por haberlo conseguido. Ahora tiene un nuevo reto: buscarse un futuro en el país de acogida.

Ziagol, una mujer de 65 años, todo amor y simpatia, no quería que nos fuéramos. Ella está sola aquí. Una bomba cayó en su casa y mató a su marido y dos hijos. Tiene otro hijo en Suiza y dos hijas en Austria. Necesita ir con ellas, nos cuenta con lágrimas en los ojos, porque también tiene problemas de salud. En su travesía fue deportada una vez y en la segunda consiguió llegar a Grecia, donde sigue esperando poder volver a abrazar a su familia algún día.

Hoy hemos comido en casa de la familia Hododadi, una joven pareja con tres hijos: Farzaneh, una niña muy dispuesta de 12 años; Samaneh, otra niña que a sus 8 años tiene problemas para hacer un puzzle de 16 piezas (reflejo también de la ausencia de formación en al menos los dos últimos años) y Mohamed, un bichito de 3 que siempre busca jaleo. El padre, Jomakhan, tiene una enfermedad genética que está haciendo que pierda la vista poco a poco. En Grecia le han dicho las organizaciones internacionales que no se puede hacer nada, pero él no pierde la esperanza y piensa que quizás en algún otro país europeo pueda encontrar una solución. No tienen familiares con los que reagruparse, por lo que están condenados a permanecer en Grecia de manera indefinida. Tal es su desesperación que están intentando conseguir los 3.500 euros que les piden las mafias para poder cruzar a otro país europeo. La idea que tienen es que, dado que Jomakhan no puede por sus problemas de visión, sea su mujer Nesimeh quien se vaya con su hijo pequeño, para evitar de esa manera ser expulsados y poder solicitar más adelante que viaje el resto de la familia al país donde consigan establecerse.

La familia de Alí, de Mahnaz, Ziagol, los Hododadi, todos tienen en común el hecho de que han enviado, o piensan enviar, a otro país europeo a parte de la familia para poder después solicitar la reagrupación. Una decisión que no debe ser en absoluto fácil de tomar, pero a la que se ven abocados por el limbo en el que se encuentran. “Afganistan is not a safe country”.

Lo que nos cuentan son historias que deberíamos haber dejado siglos atrás, pero no, seguimos manteniendo el odio entre iguales, cuando no la indiferencia e incluso hacemos negocio con las desgracias ajenas, generando más desgracias.

Nos vamos de Ioaninna y nos ha costado hacerlo. Atrás dejamos a un montón de amigos con los que esperamos volver a encontrarnos. A todos les deseamos suerte y que puedan rehacer sus vidas en paz.

Gracias a todos vosotros que nos habéis abierto las puertas de vuestras improvisadas casas, que habéis convertido en hogar.

Gracias por abrirnos también vuestros corazones. Nos dejamos un trocito de los nuestros allí.

Y gracias por abrirnos los ojos, por mostrarnos las cosas como son, duras y bellas, tristes y alegres, horribles pero gratificantes. Todo a la vez se puede dar aquí. Al marcharnos de Ioannina, nos vamos con lágrimas en los ojos de pena, rabia, vergüenza, pero también de gratitud, cariño y agradecimiento.

Un comentario en “Afganistan is not a safe country

  1. ¡GRACIAS por estos bofetones y caricias de realidad! Qué relatos de vida… que podían ser los nuestros, que fueron los nuestros… Desde la comodidad del que va a hacer la compra a un super… besos y fuerza.

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